Enseñar a leer, escribir además de
enseñar los conceptos básicos de matemática es una tarea que cada día se muestra más como un desafío para
la escuela actual. De manera general, delante del masivo fracaso de los
estudiantes, principalmente de las instituciones públicas, se busca analizar
las causas sicológicas, culturales, sociales, familiares u orgánicas de cada niño y niña para la falta de
aprendizaje de los mismos, mientras que las prácticas didáctico-pedagógicas
siguen siendo las mismas.
El resultado es la formación de un
círculo vicioso donde los docentes culpabilizan las familias y condiciones de
los estudiantes delante de la “falta de aprendizaje”, los estudiantes asumen la
culpa por su “falta de aprendizaje” y muchos se evaden de la escuela, mientras
los docentes siguen con las mismas prácticas y explicando el fracaso con motivos que excluyen un análisis crítico
de la acción didáctica. Entre los que se quedan, un número muy reducido de
estudiantes logra acceder a un nivel más alto de conocimiento, como indican las
pruebas Saber, sin embargo la escuela sigue sin hacer un análisis serio y
comprometido de su estructura.
Ese fracaso se muestra más evidente y
devastador cuando hablamos de la adquisición del código escrito, de la capacidad
de leer con comprensión y de la
construcción de conceptos y competencias básicas de matemática. Ya en los
primeros grados varios niños son marcados con el sello de “discapacitados
cognitivos”, cuando supuestamente el sistema educativo esta puesto para generar
la construcción de la inteligencia y transmitir los conocimientos construidos y
acumulados a través de los siglos por la humanidad, contribuyendo para su
crecimiento.
Sabemos por experiencia y por
convicción teórica que la gran mayoría de niños y niñas reportados como
discapacitados cognitivos no lo son, sino que sufren de “inadecuación didáctica”.
Prueba de esto es una experiencia que se está realizando en Brasil, que consiste en la organización de grupos con
niños y niñas considerados con alguna “discapacidad cognitiva” o dificultad de
aprendizaje donde son aplicadas didácticas constructivas; que abandonan la
lógica del contenido y se lanzan corajosamente a los procesos cognitivos de los
estudiantes; didácticas inclusivas que consideran los errores como hipótesis
inteligentes y constructivas, hipótesis que necesitan ser observadas para
orientar la planeación didáctica. Los resultados de esta experiencia muestran
que más de 80% de los niños y niñas “discapacitados cognitivos” son
alfabetizados de 3 a 5 meses bajo la conducción de un proceso para la construcción
de esquemas de pensamiento y no de transmisión lineal.
Para enseñar en el siglo XXI la
inclusión es un concepto absolutamente necesario de ser incorporado en las
bases conceptuales educativas. Incluir a todos y a todas en la escuela, acogiendo
y valorando las diferencias cognitivas y culturales como elementos
enriquecedores del proceso de formación de ciudadanos emancipados, felices y
capaces de contribuir para el crecimiento de su país es algo emergente
principalmente en los países de América Latina.
Delante del expuesto, este proyecto
se justifica porque provoca la revisión y el análisis crítico de las prácticas
docentes, bajo una base teórica sólida y moderna al tiempo que propone la
formación en prácticas flexibles e inclusivas, fundamentadas en la misma teoría
que profesa y en experiencias exitosas, con el objetivo de mejorar la calidad y
eficiencia educativa en el campo de alfabetización y matemática básica; áreas
consideradas las puertas de entrada al conocimiento científico, generando la
permanencia de los estudiantes y la mejoría del desempeño en la vida académica
de los mismos.

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