Aprendizaje: placer y dolor
Gracias a Henri Wallon podemos conocer
que, al contrario de lo que pensamos hace muchos siglos, el proceso de
aprendizaje no es continuo, es decir, este proceso está marcado por rupturas
que se generan a partir de un conflicto cognitivo.
El conflicto cognitivo se da cuando el
sujeto toma conciencia de que una hipótesis está incompleta y rompe con la
misma, en otras palabras, cuando se da cuenta de que su idea esta equivocada o
incompleta.
Esa circunstancia lleva al
estudiante a un legítimo momento de luto, momento en que es necesario asumir su
"ignorancia" (Sara Paín) sin desistir de seguir buscando una
explicación más completa que la anterior, que pueda estabilizar otra vez sus
procesos cognitivos. Una explicación que parecerá la mejor por un tiempo, hasta
que otra antítesis venga a desequilibrar lo que parecía estable.
Así es el proceso de construcción del
conocimiento, lleno de certezas incorrectas, verdades transitorias y con
infinitas posibilidades de expansión, sin embargo, para que haya aprendizaje es fundamental
el dolor de la ruptura, el dolor de salir de algo que se creía estaba bajo
nuestro dominio para lanzarnos en algo que se muestra otra vez totalmente
desconocido.
Un estudiante que tuvo el acogimiento
de sus hipótesis se torna seguro de su capacidad para aprender y no tendrá
problemas con las rupturas, pues las mismas son inherentes a cualquier proceso
de aprendizaje; es posible soportar el dolor de las rupturas porque tenemos certeza de que
vamos a encontrar el placer de un nuevo descubrimiento, y esa misma posibilidad
de saber algo nuevo es lo que nos mueve para continuar.
Por otro lado, un estudiante que ve sus
desempeños apenas corregidos, que sus hipótesis incompletas son consideradas
como “dificultades”, y además de todo eso, percibe a través del currículo
oculto que sus procesos son subvalorados en clase, no tendrá tanta confianza de
ser exitoso y buscará con todas las fuerzas mantener las hipótesis que tienen
construidas.
Con razón y salud psíquica buscará
evitar el sufrimiento porque sus experiencias de fracaso fueron infinitamente
mayores que las de éxito, y muchas veces la resistencia a la frustración se
traduce en indisciplina y violencia, o apatía.
Es de fundamental importancia
comprender que el propio proceso de aprendizaje está marcado por momentos de
ruptura. A partir de esta comprensión queda evidente que acoger a las hipótesis
de los aprendices como formulaciones inteligentes es vital, pues los fortalece
para enfrentar el dolor de la ruptura con autoconfianza y con la certeza de que
reencontrarán el placer de un nuevo aprendizaje.